El relativismo cultural surge como concepto para aplicar en el análisis de una sociedad por otra en el siglo XIX. Pero en el siglo XXI la aparición de la globalización ha dado paso a sociedades con una diversidad interior compleja y excitante, lo que impide utilizar frases como las siguientes.
“El catalán es la lengua que nos identifica como país, que nos singulariza y que se encuentra en situación de riesgo”.(1)
Con vuestro permiso intentare explicarme. Para los relativistas existen tres premisas en la evolución de una sociedad: cada grupo produce unos hábitos culturales adaptados a su nicho ecológico, el grupo evoluciona a partir de sus condiciones pasadas y la transformación se produce por razones internas o por contacto. Dicho esto en toda sociedad aparecen dos elementos que enmarcan su debate interno, los miedos a la aculturación (perdida de los propios valores) que observamos en sociedades como la catalana y/o francesa, o el otro aspecto: la difusión cultural (el intercambio es… quien garantiza la evolución).
Debemos considerar que la inmigración esta presente (en la sociedad catalana actual) en el recorrido de los últimos cien años -y este- intercambio ha modificado la identidad del núcleo original. Por lo que afirmamos que esta evolución por contacto a logrado que al interior de esta sociedad convivan dos lenguas (la catalana y el castellano), que son el núcleo y patrimonio de este espacio. Deberíamos acompañar a esta afirmación con un concepto banal pero no menos efectivo. El proceso de socialización del niño supone, en un primer paso la transferencia de la lengua materna, las pautas de conducta y la participación activa en los agentes socializadores (escuela, iglesia o mezquita, club de fútbol, etc). Con lo cual estamos diciendo que la pluralidad de la cultura (catalana) se mantiene-mantendrá en los años sucesivos.
Esto nos lleva a considerar la diferencia entre el integrismo cultural, el cual plantea la extrema integración o la integración cultural, que nos habla que la validez descansa en al transmitir los valores y normas que habitan en el interior de la comunidad. Y, llegados a este punto, no podemos dejar de considerar la globalización como elemento que impone una creciente igualdad de los aspectos universales. Podríamos citar, la hamburguesa, la pizza, los videojuegos iguales para todo el mundo, o el consumismo material, o la aparición del tercer idioma (ingles o chino).
Estos elementos ¿nuevos? descansan en el intercambio que moldea y amplia el núcleo original de la vieja sociedad. Un matiz seria considerar que las personas que participan en este intercambio (por ejemplo la cultura de la hamburguesa) comparten estándares de conocimiento que hacen suyos. No nos comemos un bocata, ¡vivimos la fiesta de McDonals!
No quiero aguarles la fiesta a los que elaboran los discursos como el citado anteriormente. Con todos los respetos son del siglo XIX. ¿Quién será capaz de decirnos hacia donde vamos?. A juicio de este autor, -los jóvenes- y el magma ardiente e indescifrable de una sociedad (la catalana) que no es la que intentan controlar los políticos de antiguo cuño.
(1) Discurso de José-Josep Montilla, en el Parlamento Catalán el día que asume el encargo de ser presidente de esta institución de autogobierno de la sociedad catalana.
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