Territorio inexplorado a medio camino
de la ternura, de la inocencia y
el ojo gitano.
¡Grita!. ¡Brinca!. Un chasquido
entretiene nuestro afán díscolo y
desigual por escapar de tan extraña melodía.
De lo pegajoso. De lo imaginado. Terreno cruel y deforme.
Del altar cual látigo entumecido nos dice:
Yo creía que no se iba a morir. Y el vínculo se va apagando.
Y la majadería del ego humano nos aboca al fin.