Dentro de unos minutos –tengo la mañana libre- escalare con Anamaria la calle donde se juntan los feligreses de este pueblo –el mercado. Esta ciudad de lunáticos, se prepara para el gran sueño. Una noche de San Juan, es como beberse el verano que se aproxima. Es como estrujar la crisis y los malos augurios, con una pócima de fiebre mediterránea. Es amigos, porque no decirlo: una forma de conjurar la Casandra del fuego.
Lo he decidido: meteré sardinas asadas en los platos de mis invitados. Con CO2 y carbón –y mucho humo y olor, llamare a los espíritus que están en la casa de piedra. Un extraño lugar que me entrego mi abuela italiana y su hermana –que vivía allí, pero conectaba con la de aquí. Que, queramos o no!. Amemos o no!. Esta larga noche, nos pondrá al lado de nuestros amores mas íntimos.
¡Salud!





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