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capitulos obra narratiava: la mirada

25/02/05

El sueño hipnótico Cap 12 Obra narrativa lamiradafecunda

Al despertar, recordé que el Indiano se había despedido de madrugada, me levanté y me vestí yendo hasta el obrador. Levanté el cuerpo de mi padre, estaba encogido, le arrastré y le deposité en una cama. Regresé al sitio y abrí la ventana, el aire disipó aquella extraña nube azul que se fue elevando. Abrí la puerta del patio, cogí un cubo y lo llené con agua de la pica. Eché con fuerza en el suelo, intentando limpiar un pringue extraño que lo cubría todo. Cerré las puertas y ventanas y llamé a la casa de entierro. Trajeron un cajón sobrio, le pusieron dentro. Le habían vestido con un traje negro. Me preguntaron si haría velatorio. Respondí con desgana que no era necesario, le hicieron una misa allí mismo y le llevamos hasta el cementerio. Deseaba enterrarle en el panteón de familiar. En un lateral unas letras doradas ponían Salvat El Grande. Los pocos familiares sé marcharon enseguida. Me había quedado solo, rodeado de aquellos cofres que barruntaban humedad y varias generaciones. Comencé a reflexionar respecto a mi familia. Los últimos años solo quedábamos dos Salvat (el Mediano y el Pequeño). Mi madre había fallecido en accidente. En estos últimos años mi padre y yo nos habíamos aislado. A mis amigos casi no los veía. Él hacia tiempo que solo se preocupaba de la fábrica y de la Luz. Esto no podía continuar así, era el momento de vender todo e iniciar una nueva vida. Por mi parte solo cumpliría el compromiso referente a los Salvat. Sentí un ruido a mis espaldas, ¿alguien estaba allí?. Me di vuelta, era el Indiano que asomaba por la entrada. Intente ser cortés, me dije -es el pasado de tu padre-. Le pregunté: _¿Qué rescataría Ud. de la figura de Él?. Se sorprendió, extrajo de sus bolsillos un libro y me lo entregó. Al cogerlo vi su titulo: "los Diálogos de Platón". Decidimos salir del panteón y caminar hasta la calle. Mientras dejábamos el cementerio, Él comenzó a hablar: _Con su padre he recorrido el pasado y el futuro. El poseía la virtud de absorber el conocimiento y transformarlo en algo opaco. Luego en las reuniones, era capaz de poner aquel saber que le abrumaba en movimiento. Él vivía angustiado por el presente, nunca había podido liberarse de su sino personal. _¿A que se refiere al decir “su sino”?. _El era la Mirada de A -contestó.

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12/02/05

Desde la ventana veía el Jockey que ardía Cap 11 Obra narrativa la miradafecunda

Soy Salvat El Grande. He surgido de la sangre de Viracocha, cuando el cielo se encapotó, desde el

interior del cuenco mi cuerpo se elevó y a través del sueño hipnótico llegue a esta casa. Mi padre

me dio dos tareas:

Aprender a escribir.

Crear la dinastía que permita restaurar la libertad.

Creo haber cumplido con ellas. Soy enjuto, calvo, mi cabeza es pequeña. De ella sobresalen dos

orejas grandes y una nariz carnosa. Mis ojos huidizos y distantes son el prólogo de una boca que

deja ver la hilera de dientes blancos y relucientes. He debido adaptarme a esta vida, gris, oscura,

opaca. Es la tarea pesada y monótona de un fabricante de sombreros. Al llegar la Luz a principios

de 1900, mi vida fue paulatinamente cambiando; como un monje cartujo al cuidado de ella me he

dedicado. He debido aprender a conocer sus destellos, sus cambios, sus peligros. Como todo ser

opaco no se me ha permitido hablar de mi tarea. ¿Pero que mejor servicio para el Dios Sol que

esta tarea?.

He educado a mi hijo, Salvat El Mediano, en el arte del silencio. Debo confesar, que no he podido.

Siempre se ha resistido a una tarea que -el sentía- excedía su espíritu. Le he visto frágil, indeciso,

Hasta por momentos ausente. Mi tortura personal aparece cada noche y es que con mi muerte la

tarea quede inconclusa. El futuro habla que atravesaremos un periodo turbulento con capacidad

de destruir lo conquistado. Aún así, confió en él. Los hombres-rata, a través de la cueva, del

escondite, del centro de nuestra existencia, procuramos defendernos y quizás su hijo -mi nieto-

encuentre al enviado de los tortuga. 

Recogí mis cosas, hacia el mediodía, un avión me llevaría a Madrid y de allí otro vuelo en línea

regular a Buenos Aires. El viaje se antojaba largo, en pleno vuelo, no podía contener mis

pensamientos que se mezclaban unos con otros. ¿Qué haría Ella?. Soñaba con su perfume, me

escandalizaban sus labios, deseaba verle y el deseo me transportaba de forma enfermiza. Esta vez

no había comprado ningún estúpido cuadro de regalo. ¿Y si ahora lo reclamaba?. El temor me

asaltaba. Estos meses parecían años y su mezcla era explosiva para los amantes. El tiempo oscilaba

y su crueldad aumentaba la dificultad para situarme en nuestro destino. Frente a mí, apareció el

Pez, su cuerpo estaba entero y chapoteaba en su charca putrefacta. Su decadencia era cada día

mayor. Sus ojos oscilaban, al observarme mezclaban el atrevimiento con la osadía. Metí mi mano

en el bolsillo, toque la pipa que me servia de amuleto. ¡El Pez desapareció!.

Llegué al banco por la mañana, entré en mi despacho, olía a cerrado,

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03/02/05

Berlín, 30 de abril de 1945 cap10 Obra narrativa lamiradafecunda

Al llegar al banco, me desvestí para cambiarme, al introducir mi mano en el bolsillo del pantalón encontré un papel. Era marrón, llevaba varios dibujos a lápiz, había estudios de columnas, arriba a la izquierda se observaba tres diseños de una persona sentada en distintas posiciones y en el centro un cuadrado subdividido del numero 1 hasta el 100. En la base de este aparecía escrita una frase en latín . Debajo dos círculos tenían en su interior dos caras enfrentadas. Por detrás los trazos en dirección derecha-izquierda estaba firmado por Leonardo y a su lado una D mas grande. ¿ Cómo había llegado hasta mi ese papel? . ¿Quién lo había introducido en mi bolsillo?. Fui hasta el lavabo y coloque el papel frente al espejo. Acerque hasta el una lupa y leí al revés, el texto parecía decir: "summ firmus fu fact'o orior fa qua". Abrí la puerta y atravesé el pasillo en dirección a la biblioteca del banco, tal ves podría encontrar un diccionario de latín . Entré, encendí las luces, una fina capa de polvo daba cuenta de su inutilidad. ¿Cuánto hacia que no venia a buscar un libro?. Mire varias estanterías hasta encontrar lo que necesitaba. Cogí el diccionario y fui mirando una a una las palabras. La frase se fue completando, era un collage, decía:

"Existen firmes cimientos, para hacer levantar la ley o derecho divino por algún medio".

Cerré el libro, apague la luz y me estiré en un sillón. Me despertó Ismael, le pregunté que hora era, respondió -nueve de la mañana-. Me acompañó hasta él despacho, me lave un poco la cara y me peine, me vestí y regresé hasta la mesa donde estaba servido el desayuno. Miré a mi costado, el calendario era de abril, ¡habían pasado tres meses desde que comencé el sueño en casa de la Mirada. Me dirigí a Ismael, intente elaborar una pregunta sencilla. ¿El calendario esta mal o yo estoy loco?. El solo dijo:

_La fecha es correcta. Por lo que deducía que el tiempo había pasado más lento allí y más rápido aquí. Fui hasta donde estaba mi ropa, metí la mano en el bolsillo del pantalón: ¡allí estaba el pote!. Regrese hasta la biblioteca y allí en el suelo cercano donde me había echado a dormir ¡estaba el papel!. Al comprobar que todo estaba en su sitio opte por volver al desayuno. mi ayudante observaba mi aturdimiento, le dije que pidiera un nuevo billete para España y que renovase el contacto con el ayudante de Franco. Le pregunté:

_¿Hemos tenido alguna novedad durante este tiempo?. Él me sonríe, yo también intentado salir de mi embarazo.

_Martín -dijo- novedades, ¡bastante más de lo que piensas!. ¡No he sabido nada de ti durante este tiempo!. Si no fuese -continúo- por que conocía de tu visita a la Mirada, te habría dado por muerto. Cada ves llegan mas oficiales buscando refugio. Y el General reclama más compensaciones.

_¿Por que?. _Los americanos ya han descubierto el juego. Levante mi mano como haciendo un gesto que parase. Me había marchado en diciembre de 1944, mis sensaciones se agolpaban con fuerza. Me incorpore, prefería dar un paseo, le dije a mi ayudante que si era posible esta misma noche quería marchar para Europa.

Llegué a Barcelona a primeros de abril de 1945

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27/01/05

Auschwitz Cap 9 Obra narrativa Lamiradafecunda

El río de la vida

Al llegar era noche cerrada, el edificio vestía su negrura. Los focos de mi coche señalaban el sitio de la cita con Odessa. Aparque en la entrada, iba desarmado, el almacén estaba a nombre de Ismael, lo utilizábamos como depósito para la exportación, siempre decíamos que tenia la mejor cámara acorazada de América. Mi ayudante no había querido que viniese solo, insistió hasta último momento con la cantinela de la peligrosidad de los hombres de Mazzi. Lo que debía ocurrir estaba cantado. Aún no habían llegado, espere en la puerta. El viento de levante empujaba la humedad aumentando el bochorno.Pasaron unos minutos, por la calle se acercaba un coche despacio y con las luces apagadas, parecía un Buick del 43. Entre la bruma creía distinguir en su interior la silueta de Eichmann y otra compañía que se veía más grueso y grande. Detuvieron el automóvil detrás del mío, se apearon y caminaron hasta donde me encontraba. Eichmann estrechó mi mano, Priebke fue el siguiente. Sus ojos eran gélidos, se parecían a los de un depredador. Su cara estaba moldeada por una nariz que se incrustaba en dos pómulos duros. Sus orejas anchas se estiraban a ambos lados de una cabeza recta que remataba una barbilla plana. El saludo transmitía odio, crueldad. Priebke era el típico oficial de la SS, desconfiado y agresivo. Siempre provisto del desenfado y falta escrúpulos del cuerpo de elite preparado para su tarea. Nos acercamos al portal, saqué la llave, giré dos vueltas, encendí la luz.

Por delante teníamos un pasillo estrecho, los dos me siguieron, sus botas retumbaban a mi espalda. Al llegar a la oficina, cogimos unas sillas viejas y la distribuimos en circulo alrededor de la mesa. La luz que se proyectaba me permitió ver un corte en la barbilla de Priebke, encima de su cabeza el Pez dormía recostado sobre el agua. Como me había apuntado la Mirada, Hitler estaba en él. La figura de Eichmann se resentía y aparecía tenue, desfondada. El gusto -de este último- por el cinismo añadía un aire siniestro a la reunión. Al sentarnos Eichmann dijo:

_Hemos cumplido nuestra parte del trato

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16/01/05

El sueño del avión Cap. 8 obra narrativa lamiradafecunda

El coche se detuvo frente al Palacio del Pardo, atravesamos un portal donde tan solo dos guardias nos pidieron nuestros papeles. Mi acompañante me señaló la entrada que llevaba a un vestíbulo que abría el camino hacia lo que parecía un despacho. El compañero se despidió de mí. Me quedé solo dentro de una pequeña habitación, su salida principal daba frente a una puerta doble, alta, pintada de color negro. La abrió una persona delgada, esmerada, parecía un edecán, me saludó y me invitó a pasar por aquella puerta inmensa. En su interior estaba Él. La sala era amplia, grandes cortinas cubrían las paredes y ventanas produciendo un barroquismo visual, que daba un toque decadente. El espacio lo ocupaba su escritorio, varias sillas y al fondo colgado de una pared un cuadro inmenso alborotaba los sentidos dejando ver su inmensa figura. La pintura le mostraba con un capote puesto sobre los hombros cerrándole por el cuello con dominio y poder. Él sujetaba por una mano un bastón y con la otra apretaba su abrigo que descansaba en una silla. Vestía uniforme de militar, con una faja negra a la altura del abdomen y en la parte alta sobre el corazón una condecoración colgaba justo encima del bolsillo de su chaqueta. El cuadro alertaba al visitante del desatino de contrariarle. Pero al bajar la vista, quién tenía frente a mí, aparecía más real, mas humano de lo imaginado.

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01/01/05

¡Qué aspecto inhumano tenia esta no-mirada! Cap 7 obra narrativa Lamiradafecunda

He convocado a mis dos ayudantes por separado. Ismael me dice que el barco sale esta madrugada, mi equipaje esta ya cargado. El capitán es de máxima fidelidad, el que había designado Lopez Lucena (el enlace de Peron) había enfermado repentinamente, -me apunta con cinismo: "Con ello aseguramos un mayor margen de maniobra y nos quitamos un espía". Habían cargado la nave hasta los topes. Mi tortuga estaba guardada en una pequeña caja en mi camarote. Habían sido cursados dos mensajes cifrados, uno para el Generalísimo y otro para Salvat. También Ella había llamado dos veces para preguntar por mi y al no ponerme al teléfono había estallado como siempre. Ese día habíamos girado la comisión que sobre el oro le correspondía al General. Mi ayudante había acabado con su letanía, al retirarse entro Hanns. Intente ser amable al preguntarle:

_¿ Está Ud. contento con su trabajo?. ¿Le gusta Buenos Aires?. El solo murmuro como respuesta: "Sí".

_¿Tiene alguna necesidad que pueda solventarle?.

_No. Por lo visto este hombre solo sabia contestar con monosílabos, me despedí de él. Había acabado conmigo Detrás de suyo, entro nuevamente Ismael, en sus manos traía un mensaje de la Mirada de A, decía:

                 "El suelo tiembla, la carrera del antílope estalla solo en la tarde".

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30/11/04

El pan ha desaparecido dentro del Pez cap 5 lamiradafecunda

Partimos hacia Hamburgo hacia el mediodía, íbamos en coche, a través de carreteras locales. Me

acompañaba un Eichmann de aspecto serio. Desde luego las cosas no marchaban bien para los nazis.

La aviación aliada bombardeaba amplias zonas del país y esto dificultaba el transporte de tropas, de

alimentos, de gasolina. Ellos confiaban en un arma secreta  que cambiaría el curso de la guerra.

Al llegar a la ciudad, serian cerca de las 4 de la tarde, se veía muy animada, parecía que las dificultades

no habían llegado aún .

Les acompañe hasta el cuartel de la Gestapo, allí me presentaron varios generales, estaba Himmler entre ellos.

Me intrigó que decían podía ser el sucesor de Hitler, de nombre Erhard Milch, lugarteniente de Goering. Este a

pesar de ser un víbora, me transmitía  una ambigüedad que no podía explicar. Algo me decía que en su interior

latía una tortuga. En el mismo edificio me instalaron en una habitación desde donde se divisaba la ciudad.

Intentaba ordenar mis ideas, sé movían alocadamente, repitiéndose  ( Hitler, su adusta figura, su oferta, el

manuscrito ). Pero lo que más me sobrecogía, era verle entre las cuerdas y al borde de la derrota. Pero el muy

canalla no pensaba en su fin sino en el de los demás. Mi relación con el dictador me empujaba a revisar  una y

otra vez la situación intentando entrar en sus pensamientos, pero me encontraba ante un ser esquivo e

inclasificable. Había llegado a la conclusión que la grandeza de este hombre consistía en la capacidad para

improvisar el futuro . Para él, su presente constituía el teatro de operaciones de una batalla que libraba desde

la Atlántida. ¿Cuál era el secreto de su fuerza?. ¿El Libro tal vez?. ¿Su genio?. ¿El Pez que le señalaba las

visiones que él en su paranoia interpretaba?. ¿La confianza de saber que el Despotismo Asiático como forma

de gobierno ya  había dominado en otras etapas de la historia?. Y el Libro: ¿qué contenía?; ¿era su información

una ayuda o una guía para él?. ¿O quizás el Libro era su prisionero?.

Un golpe me asusto, era el pez de los Ojos Verdes que había entrado en mi habitación, sobrevoló la cama, se

sumergió en su ciénaga volviendo a salir. Llevaba en su boca un trozo de pan. ¿Que intentaba decirme?.  De

golpe se trago el mendrugo y  de un salto atravesó la ventana. Pasaron unos minutos y alguien  golpeo en mi

puerta, eran las seis de la tarde  (puntualidad germana pensé). Venían a recogerme para ir al estadio donde Él

hablaría. Entramos por un lateral del campo. Una columna soportaba dos hojas que al abrirse daban a un

pasillo,  hacia el final sé encontraba un salón . El sitio estaba animado, generales, civiles. ¡Vamos!. La elite de

la Alemania nazi. Del techo colgaban banderolas en rojo y azul con la svástica gravada en el centro. Las mesas

de  comida y bebida se llenaban un amplio espacio de aquel gran salón. ¡Comida por fin: me dije a mí mismo.

Desde que habíamos salido no había probado bocado, rápidamente me lancé hacia las mesas a reponerme. El

ruido era ensordecedor, todos intuían que era una de aquellas tardes en que el Furher iba a despacharse con

un buen discurso. Aún no había visto el interior del Estadio, observe que a través de los ventanales

oscurecía ... Se habían olvidado de mi, ¡tanto mejor!, estaba un poco fatigado de la presión de estos jodidos

nazis. De entre el gentío salió un oficial acercándose  para pedirme que le acompañara. Juntos recorrimos un

largo pasillo que daba a un palco. El Estadio era impresionante. Líneas de personas de uniforme y banderas

prolijamente ordenados se enfrentaban a una tribuna. en el centro de ella, una tarima con

muchos micrófonos dejaba percibir la grandeza del sitio donde Hitler desarrollaba un acto seductor y violento

a la vez. Los focos gigantescos se desplazaban continuamente por encima de la muchedumbre. Mi palco se

hallaba a escasos metros de donde hablaría El. Salude a Goering, me presento a varios  jerarcas, un poco más

lejos vi a Eichmann. Los Generales cuchicheaban entre sí, golpeaban con sus botas el suelo y seguían con

entusiasmo la acrobacia que en el foso describían las tropas que aun buscaban su sitio asignado.  Según mis

cálculos me hallaba en la tercera fila, a mí lado se sentaba Himmler y a mi derecha Adolf Galland , de quien me

habían informado era un Jefe de la Luftwaffe: el más famoso de los aviadores y  condecorado con la Cruz de

Hierro por haber comandado la escuadrilla que destruyó Gernika -decían ellos con orgullo-. Galland era rubio,

de ojos claros, muy joven. No paraba de gesticular y gritar  ante todo lo que veía. Hablamos muy poco en la

concentración, la única vez que se giró y  dijo algo fue una frase

enigmática:

_El pan ha desaparecido dentro del Pez, él destruirá el mundo. Cuando intenté responder, Galland ya

aplaudia a rabiar nuevamente. La tropa se agitó como una ola, los jerarcas se pusieron de pie, las banderolas

estallaron ante la presion de la brisa que las palmas de los presentes batían con rabia. La ovación, el

estruendo estalló al ver que desde el fondo avanzaba por un pasillo central una silueta pequeña. Los focos le

alumbraban. Él se desplazaba muy despacio, conocía el guión, cual sabio que mezcla la formula para que

estalle de jubilo la muchedumbre. Demoro más de diez minutos en llegar al estrado. Haciendo gala de un

dominio frío de la histeria que le rodeaba se detuvo frente a los micrófonos, espero unos minutos. Los de mi

palco se sentaron, en ese momento atronaron unos aviones que nos sobrevolaban. Hacia calor pero un viento

suave mecía las banderas  Todos esperaban su palabra, él se retenía aumentando la ansiedad de los

convocados.  Hieratico, con un leve gesto de su barbilla exclamó:

_¡Camaradas!. Estamos aquí para festejar otro Aniversario del III Reich. Su voz era ronca, parecía un

latigazo. Sus palabras se juntaban unas con otras no dejándome escapar a su influjo. Sus brazos sé

agitaban y sus  manos ampulosas señalaban a la muchedumbre apoyando a sus palabras como un acento.  El

III Reich es la verdadera patria alemana que se enfrenta a quienes quieren destruirla. Sobre su cabeza el Pez

proyectaba una luz negra que iluminaba el Estadio y me provocaba nauseas. "Hoy quiero hablar del sacrificio

que aun nos queda por realizar. Debemos enviar a nuestros hijos al frente para acabar con la guerra. Debemos

presentar voluntariamente a a nuestros menores de 14 años en los centros de acogida para que ellos den el

último esfuerzo para vencer". La masa enardecida gritaba:

_¡ Si ! ¡ Si !.

Ante ellos el Furher exigía:

_He tenido un sueño. He visto en el a un pequeño que me reemplazaba en la lucha, el cubría mi espalda, el

gritaba que por nuestra adorada patria iría al frente. Este sueño camaradas, debemos hacerlo realidad hoy.

"Ellos, (prosiguió) serán capaces de ocupar nuestro sitio y serán mejores que nosotros, porque representan a

la nueva sociedad".  Hitler se balanceaba , en cada gesto exigía el sacrificio. Era quien pedía un ultimo

esfuerzo, para intentar cambiar el curso de la contienda. La muchedumbre alocada respondía. "¡ si  !". La

maquinaria nazi estaba dispuesta a quemar la última reserva de la sociedad. Jóvenes inexpertos irían al frente,

con un equipaje de canciones y un fusil. El Furher avanzaba en su plan despótico. Mi asco aumentaba. La

lucha se comía el futuro de Alemania mientras yo debía transportar el oro que los nazis preparaban para su 

huida. La burla teatral añadía pan al fuego. Me giré hacia el Jefe de la Gestapo y le pregunté:

_¿Irán muchos jóvenes al frente?.

Al mirarme, sus ojos estaban inyectados, contestó:

_No son jóvenes, son soldados alemanes. Serán millones –agregaría con cierto cinismo. Su respuesta me

sobrecogía. Ante mi desconcierto el remachó:

_El III Reich va a ganar a nuevos soldados alemanes. Con ellos y una nueva arma que tenemos, lograremos la

paz. La gente aplaudía, Hitler saludaba brazo en alto y recorría con su mirada la muchedumbre. Unos

segundos y se retiró por una puerta que aparecía al final de la tarima. Los generales poco a poco hicieron lo

mismo. Eichmann se acercó hasta mí posición, venia acompañado, me dijo:

_Le presento a Hanns su futuro adjunto.

Estreche su mano, intercambiamos un Heil. Vestía un uniforme de coronel de las SS, en su sombrero la

calavera y las tibias cruzadas sobresalían con brillo amenazador. Salimos por un pasillo en dirección a una

puerta falsa, subimos al coche y desde allí nos dirigimos en dirección al puerto. Mientras nos alejábamos, en

los alrededores del Estadio  la gente plegaba sus banderas, grupos de personas montaban en camiones que

les esperaban. Frialdad germana, mientras volaban mis pensamientos, al cruzar unos jardines recordaba con

nostalgia a Buenos Aires. Hacia casi un mes que había salido. Era de noche, tal vez las 2 de la madrugada

cuando por fin subíamos al submarino. El oro lo habían  cargado en cinco partes distribuidos en cada nave. Y

también varias obras de arte, la pasión secreta de Goering, según ellos decían. Me asignaron un pequeño

camarote casi al final, al lado del cuarto de las máquinas. Viajábamos solo de noche, durante el día debíamos

esperar sumergidos en el fondo para evitar ser detectados. Me informaron que el viaje duraría 30 días. El cruce

del Canal de la Mancha seria el más peligroso. 

Los alemanes han recuperado el orgullo, les he dado una ilusión para vivir. ¿Qué les pide a   

cambio su Furher?. Tan solo sacrificar el 10 o el 20 %  de la población que no desea trabajar, que es

holgazana,  que es judía. Les pido que de la escoria, nos ocupemos nosotros. Mi pueblo sabe que a los

indeseables les llevaremos a su verdadero lugar: la esclavitud. Ellos trabajarán para nosotros, ellos harán las

tareas más peligrosas. Serán el gasto, el esfuerzo que necesita toda sociedad para progresa. Los alemanes

tendrán su tranquilidad, su trabajo, En su casa, su coche, sus ciudades limpias.  A los jóvenes debemos

educarles en la lucha. La escoria no es capaz de hacer la guerra . Nosotros somos capaces de defendernos,

nosotros  poseemos la fuerza para derrotar y someter a los demás pueblos. Solo existe un derecho, el de los

alemanes a ser sus propios dueños. La escoria aprenderá a trabajar  o deberá morir: ¡ morirá trabajando!. A

medida que vayamos sometiendo  a los demás pueblos inferiores,  les sumaremos al ejército de trabajo. El

futuro muestra a Alemania sobre Europa. Seremos los reyes. Hace años pensaban que estaba loco,  nadie

deseaba escuchar,  poco a poco los alemanes me han dado la razón. Estaban ciegos, sordos por la influencia

judía. Yo les he liberado, ahora están felices al descubrir el nuevo orden.