6. Nada es igual
Hace unos días tuve la visita de un 70añero francés. A los postres surgió una conversación de lo que hacíamos de niño.
_”Nosotros –dije harto de melancolía- cogíamos una botella de sidra y con mucho cuidado hacíamos en su base un agujero no mayor de cuatro centímetros, luego la tapábamos con un corcho del que introducíamos un cordel que luego atábamos rodeando la barriga de cristal. Esto nos permitía al tirar de ella que se levantara invertida. Dentro soltábamos migajas de pan y nos íbamos a los ríos serranos, de agua clara y astuta sumergiendola hasta atrapar al incauto animal”.
“En nuestro caso –tercio él, hacíamos una mezcla que estallaba debajo del agua y los peces aturdidos salían fuera. En ese el momento con rapidez y habilidad les atrapábamos con las manos”.
Un raro momento el de la niñez anterior a la televisión, los videojuegos, la falta de espacio verde y grandes terrenos despoblados.
De esto ultimo, me gustaría evocar. Los grandes espacios abandonados y ásperos donde corríamos o andábamos en bici. O donde marcábamos dos porterías y el balón saltaba desenvuelto. Era la epoca en que las medias de nylon hacían furor y nosotros las llenábamos de papel para reemplazar el balón. No estaba el ejército de chinos que inunda el mercado con balones de 5 euros que hasta quitan las ganas de poseerles. Porque mi primer balón fue, ¡un ejercicio de cuidado!: ir al carnicero y pedirle grasa de animal para untar el cuero suave y sano, con su característico olor. No existían la agenda ni las actividades extraescolares. Ni el miedo y precaución de los padres El paso limpio y audaz nos remitía a jugar. Liso, llano, sin más dificultad que unas bambas o zapatillas.
En verano era costumbre devorar quilómetros entre las piedras del río, solo nos podía alterar la sorpresa ocasional de una víbora, sabíamos que ellas se escondían entre las rocas. ¡Nada es igual!. Los niños modernos habitan en espacios cerrados –en su casa o en el cole-club. Antes era posible escapar con tu perro por campos abandonados o construir una caseta o fuerte alejado del hogar.
Hasta la charca a tenido un final efímero.











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