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laalemanianazi

24/03/06

El País del No Te Metas: 24 de marzo de 1976 a 30 años del golpe militar

Diarios

Cualquier acto institucional suponía encontrarnos con varios militares, civiles y un miembro de la iglesia. Los discursos grandilocuentes hablaban de la patria y las virtudes de un país que no existía.

“A un amigo lo recogieron en la calle y estuvo desaparecido un mes. Regreso desde el infierno dando gracias. Su familia era catalana y preparo el viaje junto con este autor a una Barcelona desconocida y provinciana”.

Regrese después del 78 e intente rehacer mi vida. En el avión una clase media alegre y despreocupada cargaba con miles de artículos. Su consejo era vil: no te metás (para los no argentinos acentuar la ultima palabra en la a). Durante años, para ciertos familiares era un desertor del mejor país del mundo. A los pocos días de estar allí, al subirme a un autobús nos hicieron bajar a todos. Mi barba desapareció dando paso al día siguiente al funeral civil de no quitar los pies del plato. En la Universidad retome Ciencias de la Información en el sitio otrora rebelde por antonomasia: Córdoba. La actividad cuartelera contagiaba las aulas. La izquierda radical y alegre estaba desaparecida, o disfrazada o en el extranjero.

“Por recomendación de los psicólogos, la profesora no les cuenta –aunque es seguro que algo saben los chicos- que a la mañana siguiente del golpe militar, las paredes de esa misma escuela, donde están colgados el retrato de José de San Martín y sus propios dibujos, se mancharon de sangre; y que los vecinos se tapaban los oídos para no escuchar los gritos de los torturados”(1)

En el 79 regrese a Barcelona. La vida me fue alejando de aquella realidad que se transformo en la sección internacional y los diversos fogonazos que recibía: Guerra de la Malvinas, gobierno de Alfonsin, proceso a las Juntas Militares, gobierno de la derecha de Carlos Menem y la llegada del Sr K.

El país ha evolucionado y esta mas reconciliado. Pero este antiguo olor nacionalista de ser “los mejores” aun sigue latente.

Aquella tarde rompimos la botella de sidra por su base.

Al llegar al arroyo, a la vera del lago,

el cordel del hilo fue sumergiéndose con su carga.

La barriga de cristal era pan y niñez.

La tarde de verano latía infeliz

y ausente, y desolada del futuro prometido.(2)

(1)Escuela rural de Famaillá, provincia de Tucumán. Fue uno de los 350 centros clandestinos de detención. Publicado en El Mundo, 24 de marzo de 2006.

(2)Poesía Maldita. JuanRé-Crivello. Vol 1

12/10/05

Sebastian Haffner, ¿Hitler u Ohm Kruger?*

Supermanhitler 

El historiador Sebastián Haffner en un libro suyo de reciente aparición -pero escrito como ensayo en 1940- realiza un breve repaso de las teorías que explican el ascenso de Hitler al gobierno de Alemania.

En primer lugar, nos dirá: "casi todos los biógrafos de Hitler han cometido el error de intentar establecer un vinculo entre Hitler y la historia del pensamiento de su época"(1). Para ellos Hitler seria el producto, la expresión de una sociedad que ante la angustia vital de la decadencia aceptaría una salida que colmaba sus ilusiones.

En segundo lugar, otros autores plantean que la personalidad de Hitler fue mísera e insignificante. El dictador "no sería más que una pieza de ajedrez de los militares alemanes y de las camarillas capitalistas, que aprovechan su demagogia para enmascarar sus propios planes de guerra y sus transacciones comerciales". O la clásica interpretación en línea con esta de que las crisis capitalistas traen la guerra como solución cíclica a la sobreproducción mercantil.

El autor plantea un tercer aspecto de la historiografía clásica a saber: "Hitler ha alcanzado su actual posición, por así decirlo, automáticamente y sin merecerlo. Las causas que se mencionan son, entre otras, la decepción de las clases medias alemanas empobrecidas por la inflación de 1923, la desesperación de los patriotas alemanes por el tratado de Versalles y el miedo al bolchevismo".

Llegados a este punto, nos plantea que seria interesante considerar que la historia alemana pueda estar asociada a su vida privada. Es decir, que el ascenso personal, pueda constituir un aspecto sobresaliente que permitió que "un muerto de hambre se convirtió en multimillonario, un simple soplón de la policía militar paso a ser el jefe supremo del Reich alemán, un residente de un asilo de mendigos vienes devino en el déspota de ochenta millones de personas, un desclasado que era despreciado por todos llegó a ser el ídolo de una gran nación".

A continuación Haffner con gran acierto se introduce en la peculiar personalidad del dictador para hurgar en los íntimos deseos que le empujaran al ascenso social, no sin antes puntualizar que este "proceso único e irrepetible, que no es comparable con las casualidades inofensivas y frecuentes por las que algunas personas de la clase obrera o de la pequeña burguesía han adquirido dignidad y categoría", pues en todos ellos este aspecto estará unido al mérito y triunfo con el adecuado reconocimiento legal.

Haffner demostrará con contundencia el verdadero valor personal de Hitler al describir la peripecia vital de un individuo desplazado desde una posición cómoda dentro de la burguesía de provincias hacia la clase obrera, luego hasta la plebe y finalmente a la sórdida posición de soplón en los escalones más bajos del ejército.

"Sus superiores -del ejercito- consideran que no le pueden ascender -tras cuatro años en el servicio-, su carácter no permite siquiera que le confíen el mando de la unidad de tropas más pequeña".

Existen ensayos que a pesar de estar escritos en el momento en que desarrollan los hechos, no dejan de participar del anhelo premonitorio de su autor. En este autor asistimos a un esfuerzo mental de acceder a la mascara que descansa detrás del dictador que lleva a Alemania a su destrucción. Además de aportarnos elementos de reflexión, nos sitúa en una encrucijada: ¿cuándo el hilo de la historia nos dice que aquello a lo que asistimos y que la mayoría cree normal no es sino el precipicio que se abre ante nosotros?.

(1)Alemania. Jekyll y Hyde. 1939. Sebastian Haffner. Ed. Destino, 2005

*Ohm Kruger, nombre que sus compañeros -los residentes del asilo de mendigos de Viena- le adjudican a Hitler.