Apresuro el paso. Aprieto mí
mutilada imaginación hasta acercarme a su puerta.
¿Sabrá ella que estoy insatisfecho?.
Como de parto. Anémico. Inestable.
Un calor en la vejiga me impulsa y detiene a la vez.
Cambiare unos metros este estilo hosco y cruel ante lo
que intuyo se avecina. Levanto mis nudillos para dar dos toques
que arañen la madera. Desde el otro lado,
su voz me envuelve de carne. De anfetamina.
¡Sal!. Exclama mi interior. La prisa de desamor
escupe con sorna mi atrevimiento.
Al llegar hasta aquí, percibo el batir del músculo mortecino y cruel.
Veo que aparece. Esboza una apretada sonrisa de escalera pulida. ¿Es
sollozo o miedo?. ¿Lagrima o cojera repentina?.
Me dejo atraer hacia su perfume cambiante, sin más defensa, que el sinsentido.
Mi parálisis da paso al dolor. Me retraigo ante el olor a benceno que despide un suelo limpio y frío.
Estaré una tarde más, la melancolía me empujara sin freno las horas próximas. Estoy
seguro, de pasar de cuerdo a demente. De tibio a volcán.
O de tímido, a prisionero que habita una jaula alimentada de sentimiento.
Poesia maldita Juan ré-crivello
Últimos comentarios